16 diciembre 2010

Dioses

¿Qué es lo que queda? La tristeza de vivir, sabiendo que no eres de aquí, que la Tierra que te vió nacer, y tus Creadores, están lejos; que no tienes raíces, que eres sólo una semilla arrojada al viento, esperando llegar a un terreno que te vea crecer y florecer -antes de partir-.

Añorando siempre la Tierra de la cual viniste, arrojado a la vida, a tu suerte, solitaria estrella muy lejos de las demás.

Sólo felinos ojos te acompañan, dioses sin nombre y sin voz; sin reproches, sin censuras, entregándote cariño tibio y acogedor. Ellos viven junto a ti, sus cortas y placenteras vidas (pues son dioses), y no ves sus enormes manos que te estrechan y acurrucan, tal como si fueras un bebé amado.

No ves sus enormes alas, con las cuales, ya maduras, sabrán llegar a la Tierra Natal antes que tú, y hablarán de ti.

Y sus miradas sonrientes y rebosantes, se alegran por ti cada mañana al despertar, pues gustan de tu compañía.

Y duermen plácidos junto a ti, calmos pero vigilantes, ahuyentándo a los fantasmas.


3 comentarios:

María José Lledó dijo...

Qué hermoso, Karin. ¿Lo has escrito tú, verdad?

Tilcia Miau dijo...

Totalmente de acuerdo

Karin B. dijo...

Sí, modestamente, a veces me inspiro. Hace tiempo hice un cortito taller de literatura, me sirvió harto.